DESNUDO DE MUJER

De Amalia Bautista

(Palabras de una estatua)

 

Para ti nunca fui más que un pedazo

de mármol. Esculpiste en él mi cuerpo,

un cuerpo de mujer blanco y hermoso,

en el que nunca viste más que piedra

y el orgullo, eso sí, de tu trabajo.

Jamás imaginaste que te amaba

y que me estremecía cuando, dulce,

moldeabas mis senos y mis hombros,

o alisabas mis muslos y mi vientre.

Hoy estoy en un parque, donde sufro

los rigores del frío en el invierno,

y en verano me abraso de tal modo

que ni siquiera los gorriones vienen

a posarse en mis manos porque queman.

Pero, de todo, lo que más me duele

es bajar la cabeza y ver la placa:

“Desnudo de mujer”, como otras muchas.

Ni de ponerme un nombre te acordaste.

Publicado en  on Febrero 5, 2009 at 4:58 pm Comentarios (7)

TE MORIRÁS PRIMERO

De Elsa López

 

Te morirás primero,

ya lo sé.

No creas que me importa.

Me vestiré de gala,

con los tacones altos miraré las estrellas

y andaré por las plazas como si fuera fiesta.

Ya verás,

cuando te mueras

irán nuestros amigos al entierro.

habrá ramos, ofrendas,

un latido de pájaros golpeará las ventanas

y el altar se hará añicos durante el ofertorio.

Yo me pondré las gafas de no querer mirarte,

las de mirar el mar y verlo a mi manera.

Escucharé tus versos,

aquellos que escribiste antes de yo leerlos,

seguiré las estatuas

y me vendrá tu llanto y el amor que no tuve.

¿Te imaginas, amor?,

tú allí, muerto, tan solemne y tan quieto,

y yo un bullir de rosas en los bancos del fondo.

Yo, de rojo vestida,

trenzas negras mi pelo

y las manos muy blancas acariciando espejos

por donde te has mirado.

Sin una sola lágrima.

Oculta por la pena que siempre fuera mía.

Pensando en tus caricias

y el júbilo perfecto de una siesta de sol

que nunca llegaría.

¿Te imaginas, amor?

Tus nietos, tus parientes,

y en el último asiento una hermosa muchacha

iluminando el arco de sus blancas axilas

por la luz de tus ojos.

Vendrán los oradores y hablarán de tu ingenio,

de tus muecas feroces,

de las horas amables en que ocupabas sitios,

lugares acordados.

Hablarán de tus gestos,

de tu bufanda oscura,

del inconstante deleite de tu boca,

del mar que te ocupaba los momentos felices.

Llorarán los acólitos,

las vírgenes de plomo,

los ángeles de cera…

 

Y nunca sabrá nadie que me he muerto contigo.

Publicado en  on Febrero 4, 2009 at 11:40 am Comentarios (3)